La Torre de Hércules. Faro atlántico
En pleno paseo marítimo de A Coruña, el Aquarium Finisterrae (Casa de los Peces) ofrece una lectura amplia del mar: la vida marina, los ecosistemas oceánicos y la relación histórica entre el ser humano y el Atlántico. En medio del recorrido, una apertura visual conecta el interior del museo con el exterior y permite ver la Torre de Hércules, junto al mar que bate contra las rocas del promontorio.
La Torre de Hércules forma parte de la identidad histórica de A Coruña. Fue construida por los romanos a finales del siglo I o comienzos del II d. C. como faro del puerto de Brigantium; la inscripción conservada en su base menciona a Gaio Sevio Lupo, arquitecto de origen lusitano, responsable de la obra. Desde este punto se organizó durante siglos la entrada marítima a la ciudad y su relación directa con el océano.
Por esta costa transitaron naves romanas, mercantes medievales, embarcaciones militares y vapores del siglo XIX; hoy continúan entrando y saliendo cargueros, trasatlánticos y, por supuesto, pesqueros gallegos, expresión de una actividad marítima que todavía estructura la vida económica y social del territorio. La torre no mantuvo siempre su función original: en distintos periodos dejó de actuar como faro y fue utilizada con fines defensivos, hasta que la intervención del siglo XVIII, dirigida por Eustaquio Giannini, fijó la silueta que conocemos actualmente, respetando la estructura romana.
La Torre de Hércules fue descrita por viajeros ilustrados como Alexandre de Laborde a comienzos del siglo XIX y aparece mencionada en los diarios de John Adams y de su hijo John Quincy Adams, futuros presidentes de los Estados Unidos, durante su estancia en A Coruña en 1779. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el faro entra también en la literatura y en la mirada artística: Emilia Pardo Bazán incorpora este paisaje atlántico a su escritura; Pablo Picasso, siendo niño durante su estancia coruñesa, dibuja la torre como parte de su aprendizaje visual; y Alejandro Pérez Lugín la evoca en su novela La Casa de la Troya como “la Torre de Hércules, que se alza casi en el mar como una esperanza o un adiós”
Se la considera el faro en funcionamiento más antiguo del mundo, con la precisión necesaria de que esa continuidad se sostiene sobre restauraciones, transformaciones y cambios de uso a lo largo del tiempo.
Desde el punto de vista simbólico, el faro concentra el significado de la luz fija y elevada. En sus Diccionarios de símbolos, Juan Eduardo Cirlot asocia esa luz a la orientación frente a lo indeterminado, mientras que Chevalier y Gheerbrant la interpretan como una presencia que advierte sin intervenir. En A Coruña, ese faro y esa luz no operan como metáfora abstracta, sino como una realidad material, inmaterial y continuada: una referencia estable en una ciudad construida frente al Atlántico.


