Un paseo por las Mariñas de Alejandro Pérez Lugín

¿Cómo pasar insensible entre esta poesía del cielo y de la tierra sin declararse rendido esclavo de hermosura tanta? ―escribe Pérez Lugín en La Casa de la Troya (1915).

En memoria de Lucindo-Javier Membiela (5 de agosto de 1947 – 5 de junio de 2019).

Poco a poco y con dificultades parece que la vida social recupera cierta normalidad dentro del actual contexto de pandemia. Lo comentábamos días atrás en un artículo sobre Santiago de Compostela y el buen turismo. Señalábamos que un notable número de peregrinos y turistas se allega estos días a la ciudad del Apóstol.

Con permiso del lector y en lo que me toca de cerca, ello se percibe en la venta de ejemplares de La Casa de la Troya, obra emblemática de Pérez Lugín (1915) que he tenido la oportunidad de editar en varios idiomas, y cuyo escenario principal es la ciudad de Santiago.

Sin embargo, la región de las Mariñas, en la ría de Betanzos-Sada, también ocupa un lugar destacado en la novela. Es en ella donde Lugín ubica el pazo de Carmiña Castro Retén, protagonista femenina y novia del capitalino Gerardo Roquer.

Hace unos días cumplí uno de esos deseos mentales que sobrevienen antes de las vacaciones de estío. Como todos los veranos y como una actividad de ocio y deleite, simplemente caminé. Caminé con mi perro Black desde Sada hasta los inmediatos lugares de Gandarío-Ouces-Tatín-Moruxo.

Fue en estos emplazamientos donde el escritor Alejandro Pérez Lugín disfrutó varios veranos en los años que van desde 1908 a 1915. Fue aquí donde compuso diversos relatos que a posteriori se publicaron en La Corredoira y la Rúa (1919). Y fue aquí donde redactó una parte importante de la novela La Casa de la Troya.

Y es que estos fértiles y evocadores lugares que colindan los municipios de Sada y Bergondo ya sirvieron de inspiración a otros literatos, poetas y artistas, tales como: la Pardo Bazán, Francisco Llorens, Beruete, Xoan Vicente Viqueira, Lugrís Freire, o Filomena Dato Muruais.

Las hermosas corredoiras, las evocadoras iglesitas, las recogidas playas, la frondosidad que lo inunda todo, el pío-pío de las gallinas y el rumor de la fauna, el trato con las gentes, la amable brisa característicamente mariñana. Todo ello invita a la introspección y al sosiego y es capaz de iluminar al escritor y hacer que de él broten párrafos inundados de brío y belleza.

Esto mismo fue lo que le sucedió a Pérez Lugín, en el atardecer de un día de verano mientras paseaba por una de esas bellísimas corredoiras de Moruxo. Se pasmó. Volvió a su casa y tomando unas cuartillas trazó el primer capítulo de lo que luego llamaría La Casa de la Troya; que de seguido fue a consultar con su amiga y vecina la poetisa Filomena Dato Muruais.

La obra de don Alejandro está inundada de alusiones a las Mariñas. Ya sea cuando escribe sobre la deliciosa ría de Sada ―”más bella que los lagos suizos”― y sus “fresquiñas sardiñas”; o cuando habla del mágico vallecito de Tatín, de los días de romería, de la campana tocando al Ángelus, de los pájaros felices entonando a toda hora, del cielo azul, los pinos esbeltos, los frutales próvidos, los castros dominadores, que escalan en tropel los árboles; de las iglesias humildes con sus poéticos cementerios, …

Junto a la belleza de esta comarca, que hoy todavía “es” a pesar de los pesares de cierta urbanización salvaje, los que han leído La Casa de la Troya, o, como es mi caso, viven con más intensidad esta novela, tienen aquí un rincón para la investigación y la recreación del “universo troyano”. Como sucede en otras obras literarias y en películas con base en la realidad, el espectador y/o lector haya regocijo conociendo el antecedente de una y otra anécdota, o la inspiración que sirvió a la construcción de un personaje u otro.

Por esta razón, el paseo por las Mariñas me satisfizo doblemente. Pues tuve la ocasión de ampliar mis conocimientos sobre ese “universo troyano”. Caminando-caminando llegué a un chalet en cuyo bajo disfruta de la afición a la restauración y el vintageo de muebles la economista Charo Borrazas Lorenzo, que por conocimiento familiar e inclinación a la literatura y la historia es una experta en el folk de la comarca de las Mariñas. Con ella y degustando el café que me ofreció, charlé por largo rato sobre los hitos que Pérez Lugín cita en su obra. Casualidades de la vida, Charo se encontraba pintando un cuadro de la casa de la Tona, personaje real que aparece en La Casa, y cuya descendiente Ana ―a su vez familia de Charo― ha venido como cada año de Brooklyn (NY) para pasar un tiempo de descanso y de retorno a su lugar de origen acompañada de su familia.

Sirva este artículo como una invitación a conocer esta bella comarca y deleitarse con sus parajes; y también como invitación a la lectura, o relectura, de la novela La Casa de la Troya. Que, siendo menos conocida por las nuevas generaciones, es una de las obras más veces editadas en lengua española de todos los tiempos.

*Imagen: Lugar de Ouces-Tatín, las Mariñas. Foto de Matías Membiela Pollán.

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