La Biblioteca de “la Central” de Santiago de Compostela 

La Biblioteca de “la Central” de Santiago de Compostela 

Dentro de las que se conservan o mantienen la atmósfera de aquel tiempo destacamos la del convento de los Franciscanos y la de la Central (en el tiempo de la Troya, Facultad de Derecho, y hoy Facultad de Geografía e Historia). 

No era corriente que los alumnos las visitaran con la profusión con que hoy lo hacen. Ni los literatos y pintores las tomaran como escenario de alguna de sus jornadas narrativas o de su plástica. Lugín, siguiendo la tradición goliárdica, escribe sobre la venta y el préstamo de libros y recoge una de las canciones más conocidas de la Tuna que nos recuerda que los libros siguen «empeñados en el Monte de Piedad».  

En cualquier caso, las bibliotecas del XIX no eran cómodas sino que por el contrario estaban mal alumbradas y eran muy frías; y como se escribe en una publicación masónica de época, en la Biblioteca General «utilizaban el Índice de Libros Prohibidos […]» Lo que, sin que lo sepa el mismo cronista del XIX que lo escribe, no deja de ser un desahogo de género de la más loca novela gótica. 

También puede ser que nuestro masón haga con ello una cita-parábola a la libertad de cátedra. Cuestión que en Santiago se vivió con pasión y sobre la que en la capital de España se peroró lo indecible. Se hicieron leyes, derogaciones, nuevas leyes, despuntes y apuntes en resmas y resmas con la tinta del rey, separaciones de cátedra y exilados. Hace años y en una revista científica norteamericana leímos un estudio que sigue manteniendo la vigencia de aquella confrontación. La tesis final del estudio, apoyada en un abundante aparato estadístico, confirmaba que la enseñanza en que se coyunda la libertad y el orden obtiene mejores resultados que aquellos en que se permite la total libertad o aquella otra en que la uva dictatorial llueve a plomo. 

En cualquier caso y dejando aparte la libertad de cátedra, el krausismo, a Sanz del Río, a Ginés de los Ríos, a Orovio, Laverde, Pidal, Menéndez Pelayo, Castelar y demás…, la antigua Biblioteca Central es muy hermosa y placentera. Linda no más como para leer, escribir y estudiar con placer e íntima pausa.  

En 1886, Santiago de Compostela tenía tres bibliotecas públicas: la de la Universidad, 40.000 volúmenes, la del Seminario Conciliar, 15.000 volúmenes, y la Sociedad Económica, 9.000 volúmenes. A su favor también hay que añadir: la de San Francisco, 21.000 volúmenes, la de la Catedral, 5.000 volúmenes, las propias de cada facultad, la del Instituto de Segunda Enseñanza y la de la Escuela de Veterinaria. 

 

Lucindo-Javier Membiela & Matías Membiela-Pollán 

 * Universidad Central, Santiago de Compostela. En el tiempo de La Casa de la Troya (ca. 1888), fue Facultad de Derecho en la que estudiaron muchos de los protagonistas de esta novela. En la actualidad es la Facultad de Geografía e Historia. La imagen es anterior a 1894, cuando se acometió una reforma en el edificio. 

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